El primer disco: ¿cómo se hizo?

A mediados de 1971 y a través de la Tuna de Derecho que está grabando un LP de temas populares, llega a conocimiento de la discográfica CBS la existencia del grupo y el impacto de sus recitales en los Colegios Mayores de Madrid. Una tarde aparece en el ensayo Rafael Pérez Botija, un jovencísimo productor que, con poco mas de veinte años, cuenta ya con varios éxitos discográficos a sus espaldas, y que se limita a escuchar con atención para desaparecer al final del ensayo. Al día siguiente, a la misma hora, Pérez Botija regresa con un elegante y desconocido caballero de mediana edad y pide a los integrantes del grupo que repitan las canciones que ha escuchado el día de antes. Sin mucho protocolo, ni miramiento, se lleva a cabo un ensayo rutinario y solo a la conclusión, incluso después de alguna pequeña polémica sobre el repertorio, el caballero, Tomás Muñoz, presentado entonces como Director General de CBS España, manifiesta que quiere editar un disco con el puñado de canciones que acaba de oír. A los pocos días, en las oficinas de la CBS en la Torre de Madrid, se firma el contrato. Allí, en la recepción, están enmarcadas las carátulas de los discos de artistas de la casa -Simon & Garfunkel, Nilsson, Dylan, Loggins y Messina, The Byrds y muchos otros- y es frecuente encontrar en los pasillos a una joven morena y simpática que todos llaman Eva, que prepara un disco con José Luis de Carlos. Poco después CBS publicaría el primer LP de Eva Sobredo, mas conocida como Cecilia.

A partir de entonces el objetivo es componer, estructurar y ensayar los temas del disco y en apenas unos meses, Rafael Perez Botija convoca a los miembros del grupo para iniciar las sesiones de grabación. Las bases instrumentales se graban en los estudios Kyrios –antes Celada– de Madrid y después las grabaciones de voces prosiguen en Audiofilms, en la calle Alonso Cano, también de la capital de España, bajo la supervisión de Pérez Botija como productor y con Juan Vinader como Ingeniero de sonido. La labor de grupo concluye en junio de 1972 y durante el verano de ese año se graban los fondos orquestales en los que intervienen, entre otros, acreditados músicos de estudio como Jesús Gluck, Pepe Ébano y Regolí.

La mitad de las canciones del disco son composiciones del grupo y el resto de Sergio Aschero excepto dos temas de Alberto Pérez (La Mandrágora), todas a partir de poemas de Miguel Hernández, Rafael Alberti y Nicolás Guillén y algún texto propio. La maquetación y las fotografías corren a cargo de Daniel Gil y Francisco Ontañón, artífices habituales de las portadas de los libros de bolsillo de Alianza Editorial. La sesión fotográfica para el álbum y los carteles de promoción se realiza en unos trigales en las afueras de Madrid, junto a los estudios Kyrios, y en unos talleres. El resultado es ciertamente contradictorio: el aire de libertad de los campos al sol en el verano madrileño y el ambiente sofocante de un centro de trabajo. Quizás sería una premonición del futuro del grupo.

En los primeros días de octubre de 1972, se edita el LP “Vientos del Pueblo” de Los Lobos junto con un single del mismo nombre, incluyendo “La Muralla” de Nicolás Guillén de cara B. Por cierto estos se enteran de que ahora son Los Lobos, por pura casualidad. Durante meses, enfrascados por la grabación, no se preocupan por el nombre del grupo y aunque inicialmente no parecen muy de acuerdo con la elección, acaban identificándose con la decisión de su productor, sobre todo cuando les dice que había pensado llamarles “Azucenas y Pomelos”.

Portada del primer disco sencillo de Los Lobos