A finales de los sesenta

A finales de los años sesenta la dictadura franquista, con evidentes signos de agotamiento, no puede taponar los huecos por los que cada día se cuela la libertad. La Universidad Española forma parte de la vanguardia que empuja a un sistema decrepito que busca mecanismos de perpetuación que, a la postre, se mostraran como imposibles. Paris esta cerca y allí, en mayo de 1968, los estudiantes franceses han descubierto que debajo de los adoquines de la capital francesa espera el mar. El campus de la Complutense no es el de La Sorbonne, pero los corazones de los universitarios españoles laten al mismo ritmo que los de sus colegas francesas. Berkeley está más lejos y también Vietnam parece para la mayoría un problema algo lejano ante la falta de las libertades más elementales, pero en la Universidad española se escucha la misma música que en el resto de occidente y Joan Baez, Brassens, Jacques Brel o Bob Dylan han dejado de ser objeto de culto para formar parte de los cantantes mas emitidos en las emisoras de FM que acompañan a una gran parte de los jóvenes de las ciudades mas importantes de nuestro país.

La generación pop, tributaria de Los Beatles y de Elvis, abre espacios para un nuevo concepto musical, mas preocupado por los textos de las canciones y con una capacidad de critica y oposición al poder establecido, impensable hasta entonces en una España encorsetada por el franquismo, dotado de un sistema de censura muy difícil de sortear, inimaginable en estos tiempos. Son los tiempos de Raimon, con su memorable recital de la Facultad Económicas de la Universidad de Madrid, de Paco Ibáñez, de la nova cançó, del Serrat de la primera época, de la Canción del Pueblo, Hilario Camacho, los mas minoritarios Elisa Serna, Jorge y Javier Krahe o Adolfo Celdrán y de grupos como Nuestro Pequeño Mundo, de la mano de Joaquín Díaz, capaces de convulsionar el panorama musical interpretando canciones tradicionales de todo el mundo con una calidad musical envidiable, ocupando en nuestro país el lugar que en Estados Unidos llenaban grupos tan notables como los muy tradicionales The Weavers, Kingston Trio, The Brothers Four o los mas universales Peter, Paul & Mary.

Y también de Aguaviva, primer grupo español que pone música a textos de poetas comprometidos que, bajo la dirección de Manolo Díaz, consiguen burlar a la censura, grabar temas con gran perfección vocal e instrumental y, a partir de un potente sonido en directo y un tratamiento innovador de sus canciones, logran obtener un notable éxito en España y el reconocimiento internacional.